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¿Qué hacer cuando te dicen de escribirle una carta a una naranja para valorar tu empatía? Después de muchas risas y mucho pensar quedo una cosa así… Querida orange: Llevo meses queriéndote decir algo y nunca veo el momento oportuno, aprovecho hoy que me han propuesto escribir una carta y te elegí a ti como remitente. Desde el verano llevo observándote en tu árbol, vi cuando empezaste a crecer he incluso como te fue dando el solecito y adquiriste ese color naranja, perdiendo así esa mala cara verde que traías días anteriores… sería quizás de tanta fiesta, o quien sabe... Cada vez que paso por debajo de ti, me hipnotiza ese olor afrutado que te caracteriza y aun me sorprende esa gran familia que vive contigo... Pero sin más rodeos, lo que yo quería decirte es que estoy deseando que salgas de esa rama y te independices, para así verte a solas por otras calles y poder invitarte a tomar un zumo, de naranja no, de limón si te apetece… Piénsalo y espero tu respuesta. Un fuerte abrazo. Tú media naranja. PD: Feliz año nuevo! Una vez leída mi carta, la monitora añadió… el nivel de empatía no lo he podido valorar muy bien, el de imaginación te digo ya que es extraordinario… Que tontería, verdad?? ((--> 3@ <--)) Todo empieza con una idea en la cabeza, una imagen que pasa por tus retinas casi sin darte cuenta, una imagen más diaria, un momento vivido, un sentimiento, un olor, un compromiso… son muchas las cosas que te pueden llevar a decidirte a posarla en tus piernas, acariciar su voz, darle vida, escucharla, escucharnos… Los principios nunca son fáciles, te equivocas, interpretas lo que no es o pueda llegar a ser, sus intenciones son otras a las que tu piensas… te ofuscas, lo resuelves, lo pierdes y así se convierte a veces en la pescadillas que se muerde la cola; pero poco a poco te vas haciendo a la situación, la cosa va cogiendo forma, le vas poniendo molde, le pones un ritmo más o menos lento, las rimas ahora salen solas, todo encaja… El final esta cerca y te gusta porque después de mucho trabajo te alegra los oídos, lo repites una y otra vez hasta que tu memoria entra también a formar parte, ya lo tienes todo, ya tienes tu declaración de amor en forma de canción. Deyanira guardaba con recelo su día a día en esa caja que un día le regaló su abuela… esta estaba repleta de momentos de su vida. Si pasaba por el parque y la primavera ya dejaba ver sus primeros rayos del sol sobre una margarita, en el otoño ella la guardaba con mimo en su caja recordando con esta, sus días en esta estación, como la vio nacer y la protegió hasta que fue mayor para abandonar su nido familiar, como así se prometió que haría con su hermana menor, Irene Esta sin embargo era de otro pensar, veía a su hermana como cada día abría su caja con extrema sutileza, veía como observaba esa entrada de cine que compartió con su primer amor, la veía abrazar ese peluche que le regalo su madre por su primer cumpleaños o ese anillo que le dio su abuela, esa dedicatoria de aquella vieja amiga, aquel llavero que le regalaron en su fiesta de fin de curso, la letra de esa canción, que comparte con su actual pareja y la bailan haya donde la escuchen… da igual donde sea, si en el cine, en un bar o en plena calle, porque son cosas que le hacen recordar los momentos especiales que le brinda la vida, y ella, por supuesto no los desprecia… Sin embargo no solo guarda las cosas que le recuerdan momentos bonitos, porque no solo de ellos se compone la vida. Esos son los que ocupan el fondo del cajón, aunque a veces los saca los primeros y ocupan este lugar, para recordarle que a pesar de las adversidades aún sigue viva y habiendo saltado aquellas trabas. Irene no compartía ese hábito de su hermana, a ella no le resultaba bonito guardar una flor mustia que un día brillo en todo su esplendor, ella prefería guardar en una caja, que también le regalo su abuela, papeles que contenía escritas las cosas que poseyó y se le rompieron, se le desgastaron o las perdió, prefería un papel amarillo y con la tinta medio gastada por el tiempo, a algo antiguo que ya casi no le recordará lo que fue o simplemente anotaba el estado de animo que tuvo en un día, como: felicidad, tristeza, sorpresa, nervios, timidez, amor… Un día Irene, le pregunto a Deyanira que sentido tenía el que encerrara esas cosas en una caja, que ella jamás haría semejante tontería, Deyanira le contó a su hermana que sabía que tenía una caja donde conservaba papeles en los que ponía como se había sentido en ciertos días y el nombre de los objetos mas significantes de su vida, le contó que en cierto modo hacía lo que ella, salvo que Deyanira conservaba las cosas, que aunque el paso del tiempo las debilitara, era más bonito y más recordatorio que ver un papel en el que pusiera felicidad, porque de felicidad hay muchos tipos, y leyendo un papel no recordaría con exactitud en que momento fue, como o porque fue, en cambio, ella con la flor que tenía en ese instante en la mano, cada vez que la saque recordará cada tarde con su amor, sentados en ese banco céntrico de parque, donde tenían por testigo esa flor que los observaba iluminados por el sol de la primavera… ((--> 3@ <--)) Es uno de esos días en los que te despiertas con tiempo pero al final llegas tarde, o en los que no te conformas con la mayonesa o el ketchup sino con la salsa rosa, o cuando no tienes un buen despertar y lo que te piden en tu trabajo es sonreír, cuando a pesar de ser cabezota cedes a la primera, o cuando eres desordenada y en un día como hoy haces limpieza general… También es de esos días que escuchas una de bumbury y una de ot, cuando escribes algo que al leerlo parece de otro idioma, o el tímido se arranca a hacer esa declaración de amor en publico que tanto anhelaba, y el reservado dice te quiero… O de esos otros que alguien de derecha se declara rebelde, cuando la sangre te da asco y ves un corte, o tienes miedo de las guerras y la televisión solo plasma las peleas del mundo. Hablo de esos días en los que esa persona tan seria cuenta un chiste y hasta el más paciente llega a mosquearse. O de esos otros en los que el católico critica a la iglesia, y el ateo acude a una misa, en los que el perezoso tiene insomnio y el madrugador se queda dormido perdiendo de vista a ese trasnochador que se acostó pronto. De esos días en los que los marineros no se bañan en el mar sino en piscinas, y los sureños se protegen del sol porque les molesta, o llueve en el sur y brilla el sol en el norte, también es de esos días en los que el inocente duda hasta de su sombra, o cuando el duro rompe a llorar delante de todos, o el cobarde se enfrenta de una vez por todas al gallito que solo emplea los mecanismos de defensa para sobrevivir. Me gustan estos días en los que los poetas parafrasean y el inexpresivo inicia sus primeros versos, los protagonistas se ponen colorados, o el constante deja trabajo a medias, los estresados deciden ir a un paso más lento del diario, y el chupacamaras hace la foto esta vez. En estos días en los que el presumido no se miró en el espejo, los que tienen insomnio duermen a pierna suelta en esta noche de frío, los lectores cambian su libro por el mp3, o esos otros que dejan sus vicios por un día, un tenor desafina, un coleccionista no compra el último fascículo, o alguien aprende algo que nadie le enseñó. O esos en los que no te cruzas con nadie conocido por la calle de tu pueblo. Los mejores días son esos en los que el hipocondríaco tira su caja de pastillas porque se siente vivo, y cuando esos dos que están en conflicto se dan la mano, o el racista le sonríe a alguien de color, y el machista aprende de igualdad. Porque en la vida hay muchos días diferentes, y algunos pueden llegar a ser tan contradictorios…. ((--> 3@ <--)) - ¿ En qué piensas? -Deyanira... |
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